lunes, 9 de diciembre de 2013

Para sentir lo tibio
de las últimas horas de septiembre
hubo un tiempo extinguido
                         por los acantilados
la luz que se descuelga
                               y se ahoga sin grito
en un mar de basalto.

No volverá el acuático rumor
ni un chillido violento de gaviota.

Cuando el invierno sea
la última verdad a que agarrarse
y todas las ciudades nos cierren sus murallas
entonces te diré una y mil veces,
                            sobre los mismos pasos,
repetiría la vida contigo.

Daniel Rodríguez Moya  

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