sábado, 14 de diciembre de 2013

Never sleep


Impregnando el aire de indiferencia e inculcando en sus diarios espectadores gigantescas dosis de celos y curiosidad, Lulami mecía sus mitológicas caderas entre diferentes vestidos rasos. Ocultaba sus preocupaciones bajo los elegantes rizos que cubrían su cabeza y el flequillo que se balanceaba con donaire entre sus ojos cuando agitaba el viento. Su maquillaje siempre impecable a pesar de las circunstancias y sus labios de un brillante rojo carmesí: caché, clase y dinero.
Sin embargo, ¿cuándo una verdad universal ha sido alguna vez revelada por los dioses en el velo de la apariencia a los ojos ajenos y vacíos de los vanos e ilusos mortales? Las lágrimas de Lulami, cuando llegaba a casa, desplomaban sin freno y en doloroso silencio el maquillaje que con tanto empeño trabajaba en construir con impasibilidad cada día y, a pesar del secreto de su tragedia diaria, no se daba por vencida y trasnochaba las nueves horas noctámbulas que le permitían asesinarse y engendrar la nueva criatura inconmovible de la que se disfrazaría la mañana siguiente. Pero, claro... esta naturaleza mutante nadie la conocía.

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